sábado, 5 de abril de 2014



Hace unos años, asistí a un episodio no por triste menos revelador y, sobre todo, aleccionador. A una iglesia local le comunicaron que el ayuntamiento había decidido donarle un terreno para que pudiera levantar un edificio mayor. 
Lo que vino después fue todo menos ejemplar. Se sucedieron distintas reuniones en las que los miembros, de manera bastante libre, fueron expresando lo que soñaban – literalmente – que debía ser la nueva iglesia...

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