jueves, 6 de febrero de 2014




"Antes de cada reunión, haríamos bien en hacernos estas preguntas: ¿A qué vine? ¿Estoy dispuesto a que Dios me hable? Y si me habla, ¿le obedeceré?.
El Mar Muerto se ha ganado justamente su nombre por la entrada constante de aguas sin tener una salida correspondiente. En nuestra vida, la información sin aplicación nos conduce al estancamiento. 

La pregunta persistente del Salvador nos apremia: '¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?'” 
(William MacDonald).


Desde la cuenta de Facebook de "RE-LIGARE"

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